Complicidad

Llegué al carro y sabía que sonaba algo conocido. Guardé mis cosas despacito, le di una vuelta al carro. Me subí, pero luego volví a bajar para quitarle las flores que habían caído sobre todo el carro – lo cual, por lo general, ni le paro bolas al asunto. Empezó el solo de bajo, sonaba particularmente conocido, pero no podía recordar exactamente qué era lo que sonaba.

“Jaime, la luna llora sin ti

Suele venir triste

Nada la vuelve nueva hasta hoy

fuiste su amor, fuiste”

 ¡Claro! Pedro Aznar (cantándole a Jaime Sabines). Inconfundible.

Seguramente la persona dentro del carro decía “Y esta loca que se queda dándole vueltas al carro”. Así tal cual. Según yo revisando llantas, viendo mensajes, arreglando las cosas dentro del carro. Todo para saber quién tenía tan buen gusto, para conectar telepáticamente: “sos uno de los míos.”

***

Un sábado de poco dinero y mucho cansancio, empiezo a revisar correos viejos. Doy con uno sobre Banff Centre y empiezo a buscar-usual en mí-un buen programa para escapar a mediados de año. En eso veo uno sobre improvisación, ¡que precisamente dará una violinista!. Empiezo a buscar su música e inmediatamente me consume: tiene un aire a Björk, con trip hop, minimalistas algunas canciones, el violín siempre presente con acompañamientos texturales exquisitos…

¡Esto no me lo puedo dejar yo sola! Entonces le envío un link a varios amigos que se “se van a volar” con este nuevo descubrimiento, los que yo se que van a sumergirse igual que yo. A los días nos cruzamos y, por supuesto, hablamos de esta nueva artista a la que perseguimos por spotify. Nos trajo nuevas ideas, ganas de hacer más música, esperanza en lo simple y bello, en las posibilidades que se pueden seguir explotando en nuestro arte.

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listeningtomusic

Me desperté y doy cuenta que mi compañero de viaje me habla. Me quito los audífonos: “¿Te gusta el flaco?” Aunque lo descubrí muy tarde, tengo mi disco preferido de Spinetta que no paré de escuchar en 2 semanas: andaba mucho más contemplativa que de costumbre, y le hacía un buen soundtrack a los paisajes que topaba en tierras sureñas.

Llevábamos unas 4 horas en el mismo bus y si acaso nos habíamos presentado; pero en la última media hora de viaje no paramos de hablar de música. Intercambianos nombres de bandas de su país y del mío, conciertos y anécdotas: nos conocimos en esos últimos kilómetros. Espero que haya escuchado un poquito del sabor costarricense que le receté.

***

Hace cinco años fui a un concierto que me cambió la vida: vi a Björk en vivo. El plan inicial era viajar a México a verla unas semanas antes, el nivel de fanatismo llega a ese nivel. Sin embargo, vino a Costa Rica y pues me ahorré el viaje. El asunto fue que un buen gang nos fuimos a verla cantar, con las expectativas a 1000%; parecíamos chiquitos de kinder en un castillo inflable.

Aparte de que el concierto fue impecable, se echó unos piezones en vivo, su coro transmitía un montón de energía, e incluyó el Tesla coil- show totalLo recuerdo como el primer concierto en el que, durante toda la presentación, no me pararon de bajar las lágrimas. En realidad no NOS pararon de bajar las lágrimas, porque a las dos canciones volví a ver para atrás y otros dos amigos estaban igual.

Lo que realmente es bueno, ES BUENO. ¿Cuántas veces en la vida sucederá esto? Digo, yo he llorado en otros chivos, ¿pero durante hora y media?

¿Les ha pasado?

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La complicidad en la música es de lo más bello que me puede suceder. Cuando encuentro a alguien que disfruta de la misma música que yo disfruto, es como si chispearan las almas. De repente hay tanta emoción que no se puede parar de hablar del artista, se vienen otros artistas a la mente, conciertos, videos, duos, versiones…

Y no solo pasa con música popular o “no académica”: hay un momento en el que cuando estás tocando, algo sucede, y todos entran en sintonía. Esto es reconocible de inmediato por los músicos, y es ahí cuando el público también lo percibe. Cuando estás totalmente sumergido en la obra, entregando el 150% y escuchando todo lo que sucede al rededor para cohesionarlo en un todo. Cuando esto pasa, se me explota el corazón.

Hace días me acordé de estas anécdotas (y otro par) que de verdad me han llegado mucho, porque son momentos en los que creo que uno llega a conocer realmente a las otras personas, se despliega su sinceridad en el momento, y eso sí que lo valoro.

Por todas las sincronías alrededor de la música: ¡Salud!

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victor hugo

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